El dulce beso que nunca llega...

En la soledad de mi cuarto mientras mi menta divaga por vacíos olvidables mi corazón cambia mi agenda mental y avisa de un peligro, un amor épico, algo inconmensurable que sólo ahí se siente. La mente reflexiona y siente una mano que se aferra a cada latido como si su vida dependiera de eso. 
En la vorágine soplan vientos ausentes de aire demandando también atención, uno trata de explicar pero no hay oxígeno para pronunciar palabra simplemente hay simulacro del olfato buscando respirar mínimamente para negociar con quienes invaden el cuerpo.
Mientras rodean el cuerpo los ojos y la piel encuentran la presencia del descanso, sutilmente desviando la luz de sí misma en una muestra de sutileza casi infinita. El aroma que exuda es dulce, tanto que la boca es quien clama primero haber encontrado tan extraordinaria experiencia. Ahí mirando extiendo la mano pidiendo su intervención, que entre en la orgía por devorar pero ya no trozos de la realidad sino la existencia misma. 
En este lugar tan seco donde las lágrimas fallan en dar aviso del momento extenso que se está viviendo los sentidos terminan de colapsar antes de lograr paz perdurable, las sombras jugaron ya a saciar ansiedades hoy pero nunca lo suficiente. Volver no existe porque nunca se fueron. Pero la muerte sí porque donde encontramos su nombre falla su beso. Sin tomar parte porque lo cubre todo mantendrá su vigilia hasta volver a sentarse a esperar por otra oportunidad.

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