Sobre la locura propia y ajena...

El deseo por el sufrimiento pareciera que siguiera un instinto humano. Experimentar dolor hoy, teorizar sobre el mismo mañana... Un inductivismo que busca reconocer y reflexionar sobre la experiencia vivida, generar una cáscara dura que permita subir el umbral de flagelo hasta límites borrosos que permitan continuar con un hábito, una rutina, el desahogo primal que no hablamos más que de manera corpórea.
Enunciar razones, justificaciones, motivos, causas y efectos simplemente, como si fuera un conjuro, cortan la magia del dolor cuasi instintivo.

Reprimir, catarsis, evocación y vuelta al inicio...

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